miércoles, 4 de noviembre de 2020

QUIZ GRUPO 1

 5/11/20

CREAR UN DOCUMENTO EN Q 2 CON EL NOMBRE DE QUIZ, COPIAR Y PEGAR ESTE EXAMEN (UTILIZA PEGAR SIN FORMATO)


Quiz capitols 1,2 y 3

“Casas muertas”


Grupo 1


Contesta:


1.- ¿De qué manera se relaciona Carmen Rosa con los siguientes personajes?


  • Señor Cartaya:
  • Hermelinda:
  • Señorita Berenice:
  • Marta:



2.- Lee el siguiente fragmento y explica brevemente de qué se habla en él:


“Presentó la prueba oral, única a responder ante tres examinadores, sin darse cuenta exacta de lo que estaba sucediendo. Y luego, comprendió que había llegado sola y sobresaliente a un quinto grado que nunca existiría, se echó a llorar”. 


Este fragmento se refiere a: 





3.- ¿Qué recurso literario utiliza el autor en este fragmento, con qué propósito lo utiliza? 


"joven como la madrugada, fuerte como el río en invierno, voluntarioso como el toro sin castrar"






4.- Explique brevemente cómo fue el pasado del pueblo de Ortiz y cual es la razón de su desaparición











martes, 3 de noviembre de 2020

"CASAS MUERTAS" CAPITULO II

 Capítulo II. La rosa de los Llanos

Valentina/ Arianna

Aquella noche Carmen Rosa permaneció muchas horas inmóvil, a la luz de la lámpara que doña Carmelita había traído consigo. Las sombras borraron el color de las flores y el perfil de las matas, destacándose solas contra el cielo las ruinas de la casa vecina. Había sido una

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casa de dos pisos y las vigas rotas del alto apuntaban por sobre de las ramas de los árboles como extrañas quillas de barcos náufragos. Una casa muerta, entre mil casas muertas, mascullando el mensaje desesperado de una época desaparecida.

Shaimaa/ Caterina

Todos en el pueblo hablaban de esa época. Los abuelos que la habían vivido, los padres que presenciaron su hundimiento, los hijos levantados entre relatos y añoranzas. Nunca, en ningún sitio, se vivió del pasado como en aquel pueblo del Llano. Hacia adelante no esperaban sino la fiebre, la muerte y el gamelote del cementerio. Hacia atrás era diferente. Los jóvenes de ojos hundidos y piernas llagadas envidiaban a los viejos el haber sido realmente jóvenes alguna vez.


Daniella/ Katherine

Carmen Rosa había prestado siempre más atención que nadie a aquellas historias de un ayer alucinante. Cuando niña no empleó su imaginación en crear un mundo donde las muñecas son seres vivos, la tortuguita un ogro y el arrendajo un príncipe que espanta a las brujas con su canción. Eso quedaba para su hermana Marta que se ponía a llorar cuando a Titina, la muñeca, le daba calentura. Pero Carmen Rosa Prefería reconstruir a Ortiz.


Herson/ Francesca

Y como a todos los viejos les deleitaba hablar del pasado, como ya no vivían sino para hablar del pasado, a Carmen Rosa le resultaba faena sencilla recoger evocaciones aquí y allá. Todos murmuraban más o menos lo mismo al ver asomar a Carmen Rosa:

-Ya viene esa muchachita con su curiosidad y su preguntadera. Pero no les desagradaba, naturalmente que no les desagradaba, oírla indagar por las cosas de ayer y mucho menos verla escuchar subyugada cuanto le referían, verdad o mentira, y reír cuando valía la pena hacerlo y enjugarse dos lágrimas cuando era triste lo que había acontecido tantos años atrás. Más aún, si pasaban tres días y Carmen Rosa no aparecía en la casa parroquial ni en la bodega, ni en el oscuro caserón del señor Cartaya, eran los viejos quienes se trasladaban a su casa con cualquier pretexto y la reconvenían:


Marcella/ Juan

-¿Has estado enferma, muchacha? -preguntaba Cartaya. -Te fastidiaste de mis historias? -rezongaba Epifanio. -¿No estás enamorada? -insinuaba Hermelinda.

Hermelinda, la de la casa parroquial, formaba parte indivisible de la iglesia, como el San Rafael que estaba al lado del altar mayor, o como la piedra rústica del bautisterio, o como las flores de

papel blanco con lunares de moscas que rendían homenaje a la imagen de la Virgen del Carmen. Le gustaba narrar las fiestas religiosas que el padre Franceschini organizaba, justamente cuanto Carmen

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Rosa deseaba porque al conjuro de ese relato se iba levantando Ortiz de sus escombros.

Claudia/ Lara

-¡Qué procesiones, mi hijita, qué procesiones! Para la Semana Santa venía gente desde muy lejos, desde Calabozo, desde La Pascua, sin contar los de Parapara, San Sebastián y El Sombrero que se la pasaban metidos aquí. Figúrate que Ortiz tenía dos parroquias y dos jefes civiles y dos curas. Y el Viernes Santo se desprendía la Virgen de los Dolores desde Santa Rosa, tomaba después por la calle real, iba hasta Las Mer- cedes y volvía a Santa Rosa por otras calles, acompañando al Santo Sepulcro, al paso de una música triste de tambor y flauta, seguida por una colmena de mujeres con velas encendidas, hombres de liquiliqui y muchachos haciendo travesuras...


Santiago Pirela/ Andrés

Pero luego Hermelinda dejaba de hablar del padre Franceschini y comenzaba Ortiz a derrumbarse. Llegó la fiebre amarilla en el 90. Enseguida aparecieron el paludismo, la hematuria, el hambre y la úlcera. Se esfumaron los airosos contornos del padre Franceschini. La espléndida iglesia quedó a medio construir, desnudos los ladrillos de las paredes, arcos sin puertas, ventanas sin hojas.

-Vinieron muchos curas, mi hijita, pero ninguno soportó esto. Hasta que un Domingo de Ramos, montado en un burro como

Jesús, llegó el padre Tinedo y se quedó con nosotros. Ése sí era otro hombre. Muy distinto al padre Franceschini, es verdad, pero otro hombre. ¡Dios lo haya perdonado!. Y sonreía siempre al nombrarlo. Porque el padre Tinedo no había tenido ni la prestancia, ni la cultura, ni la elocuencia, ni el abolengo del padre Franceschini. Era simplemente un hombre del pueblo con una sotana encima y el hormigueo del corazón por dentro.

Sebastian/ Alejandra

Pero era muy bueno, mi hijita. No hubo casa con calentura o con hambre, aquí en Ortiz o en las afueras, donde no se apareciera el padre Tinedo, con sus tragos encima, dispuesto a dar lo que tuviera. Primero daba lo suyo y después lo de la Virgen del Carmen y lo del templo, y lo que le cayera en la mano. Decía que la Virgen no necesitaba velas, ni la iglesia que la terminaran, ni Santa Rosa procesión, mientras se estuvieran muriendo como moscas los prójimos. Y sacaba lo poco que caía en los cepillos de los santos para comprar quinina y leche condensada. ¡Dios lo haya perdonado!


Santiago S/ Sophia

El señor Cartaya no veía el pasado de Ortiz a través de sus curas. Por el contrario, con todos ellos había tenido argumentos porque el señor Cartaya fue federalista en su adolescencia, liberal y crespista luego, masón siempre. Aún ahora, viejo y vacilante como andaba por el estrecho corredor oscuro de Vargas

Vila que eran los únicos supervivientes de su biblioteca librepensadora.

A Carmen Rosa le placía particularmente la charla del señor Cartaya porque ninguno como él evocaba el fausto de otros tiempos. Había sido también músico de la banda, porque el Ortiz remoto tuvo banda y el señor Cartaya tocaba entonces la flauta bajo los robles de la plaza, como también la tocaba en la orquesta que regía los grandes bailes, y la hacía llorar en la procesión de la Dolorosa o estallar de pasodobles en las tardes de toros coleados. A Cartaya se le nublaron los ojos, esta era la capital de Guárico, niña. La ciudad más poblada y más linda del Guárico, la rosa de los Llanos.


Luca/ Graciela

-Ortiz echaba la casa por la ventana, niña. Y los orticeños nos fajábamos con los coleadores del bajo Guárico, con los Galleros del Calabozo y Zaraza, con los cantadores de Altagracia y La

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Pascua. Y en materia de fuegos artificiales, nadie podía con nosotros.

Medio siglo, ¡y qué medio siglo!, no había logrado marchitar el orgullo del señor Cartaya con respecto a los fuegos artificiales de Ortiz. El amanecer del día de Santa Rosa se anunciaba por el estampido de cohetes y cohetones, más madrugadores aún que las campanas de la iglesia. Apenas concluida la misa, ya estaban allí los triquitraques y los buscapiés, culebrillas rojas serpeando entre los zaguanes, asustando a las beatas con su chisporreteo, enredándose entre las piernas de «La Burriquita». Y al promediar la tarde, cuando Santa Rosa surgía linda y juvenil por el ancho portal de la iglesia, resonaba el trueno gordo de los voladores que ascendían desde Las Topias, Banco Arriba y El Polvero. -Eran barrios del viejo Ortiz, niña - suspiraba Cartaya-. No intentes buscarlos ahora porque ni las ruinas quedan.

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Catalina/ Valentina

-La última gran fiesta de Ortiz -precisaba el viejo Cartaya- fue en el 91, cuando Andueza preparaba el continuismo. Carlos Palacios, primo de Andueza, lanzó su candidatura a la presidencia del Guárico y lo festejó con bailes y terneras que hicieron época. En la plaza de Las Mercedes se levantó en siete días, con troncones de madera y piedras del río, un circo de toros. «Los Cimarrones» se llamaban los toreros que vinieron desde Caracas para la corrida. Y corrió el aguardiente como si hubiera sido lluvia del cielo. Y yo toqué la flauta tres días con sus noches. Y ni Andueza pudo reelegirse, ni Carlos Palacios llegó a presidir el Guárico, porque no se lo permitió mi general Joaquín Crespo, de Parapara. 

Shaimaa/ Arianna

Fueron los últimos destellos de «la rosa de los Llanos». Ya había pasado la fiebre amarilla pero el paludismo comenzaba a secarle las raíces a la ciudad llanera. Sin embargo, bajo la presidencia de Crespo, vivió Ortiz horas de fugaz esplendor, debatiéndose contra un destino que estaba ya trazado. El doctor Núñez, secretario

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general de Crespo, había nacido en el propio Ortiz. En su casa, «La Nuñera», se celebraron grandes banquetes a los cuales asistió Crespo en persona en más de una ocasión. Cartaya recordaba al caudillo llanero, montado entre los tranqueros de la calle real.-Y desde que lo mataron -concluía Cartaya- hubo que borrar del lenguaje venezolano la palabra «caudillo»...


Tarea


1.- Realiza un resumen con el siguiente título:

 

“El pasado de Ortiz”


2.- Contesta las siguiente preguntas:


2.1.- ¿Quienes le cuentan a Carmen Rosa sobre cómo fue Ortiz en el pasado?


2.2.- Según Hermelinda cuál es la diferencia entre el padre Franceschini y el padre Tinedo